Cr贸nica IRONMAN 70.3 desde dentro (Bernat)

mi閞coles, 14 de mayo de 2014 - 2 Comentarios

Mucha gente no lo entiende. No entiende los tris y menos entiende la Larga
Distancia. Creen que estamos locos y los comprendo ya que 18 meses atrás yo era uno
de ellos. Lo cierto es que aún hoy sigo sin decidirme si es locura u otra cosa. En cualquier
caso digo... BENDITA LOCURA!

Un Ironman (half) no es solo la carrera en sí, sino todos los meses de preparación
anteriores a ella.
Un Ironman son todos los entrenes, sacri铿乧ios, madrugones, amigos y todos los
buenos y malos momentos.
Es parte de tu vida, te satisface, te moldea, te hace feliz y te hace mejor persona.

Un Ironman es ese halo “play-pro” de los 15 días anteriores a la carrera.

Por ello, cuando debido al trabajo, a tres días de la prueba aún no me había
sentido triatleta ni por un segundo en toda la temporada y me faltaba la adrenalina de la
competición, un profundo mal estar se apoderó de mí.

Y entonces llegó el jueves y con él el montaje, la recogida del dorsal, la puesta a
punto de la bici, el probar el nuevo casco “aero” y... JODER QUE PLACER!!

Algo cambió en mí, lo respiraba en el aire, lo sentía en la piel y, de repente, los
miles de triatletas entrenando por la calle no me eran desconocidos. Cambié el chip, me
metí en la burbuja y todo empezó a funcionar.

Pasé los dos días anteriores muy relajado y disfrutando cada segundo. Nunca me
pongo nervioso y esa no fué una excepción. Pero, esta vez, algo se cocía en mi interior.
No paraba de visualizar la carrera. Tenía un objetivo claro y sabía lo mucho que costaría,
lo justo que estaría y el poco margen de error que me estaba dando. Le daba vueltas y
vueltas: bajar de 5hrs a menos de año y medio de ponerme mi primer dorsal y hacer casi
30’ menos que el año anterior. ¡Joder, debo de ser de los más locos de entre los locos! Y,
oye, BENDITA LOCURA!

“De todos, el que más me preocupa eres tú” - empezó mi coach con su charla - “de
nada me sirve que te exhibas en la bici y me petes en el run”. Ay Rafa, si supieras que
hasta me preocupo a mí mismo... que al ponerme el dorsal no me sabré controlar. ¡Pero
hay que intentarlo!

Y así, el despertador me encontró ya pensando en la estrategia. Comí lo justo.
Amaneció precioso y sin nada de viento. ¡Bien! Tenía pinta de ser un día muy caluroso,
¡mejor aún!

Lo preparé todo y salí con mucho tiempo con la intención de no repetir lo del año
pasado cuando iba poniendome el neopreno al tiempo que daban la salida. Pero llegando
a boxes algo fallaba, algo no cuadraba. “El chip!!! Pero como puedes hacer este fallo
tio!?” Volví a casa a buscar el chip, luego preparé la bici y llegué a la playa con la mochila
para ver, de lejos, empezar a las mujeres. Iba justo: menos de 10’ para llegar allí,
ponerme el neopreno, dar la mochila a mi hermano e intentar calentar algo. Así que le
llamé para ganar tiempo: “¿Donde estas?” -”Al lado de la chica con el cartel de Salida
M30-35 a las 8:15”. Perfecto. Colgué. Pero sorpresa, al llegar allí ví a una decena de
carteles con diferentes horas paseando cual chicas en un ring anunciando el siguiente
asalto... Ostia nen!!! Pasaba el tiempo y entre cientos de personas no veía a nadie
conocido así que me puse el traje y fuí a la salida con la mochila en la mano y al 铿乶al les ví: familia, entrenador, amigos. Le dí la mochila a mi hermano. Vino Rafa, no se qué me
dijo, ni qué le dije, ni qué hice. Estaba nervioso. Mucho. Tampoco recuerdo quién me ató
el neopreno pero aquí va mi agradecimiento.

Fuí a la salida junto a Josemi con lo que la tensión de esa última media hora fué
desvaneciéndose. Él contribuyó mucho a mi tranquilidad y más aún sabiendo que saldría
a su lado. Me centré, me calmé y me concentré. Tenía un par de minutos así que buqué a
Rafa para hacerle señas de que todo iba bien pero ya no le encontré, sólo ví caras debajo
del gorro y las gafas de natación que me devolvían la mirada. Algunas acojonadas, otras
medio riendo re铿俥jo de miles de sensaciones y otras imagino que ya braceando
mentalmente. Saludé y bromeé, lo que me hizo ver que volvía a estar en mis cabales.
Visualizé la carrera y esperé. Esto es el Ironman!


Salida! Cuanta gente! Que eramos 1.000 en este grupo de edad?? Intenté nadar
bién, controlando la técnica, evitando patadas y procurando no dar. A mitad de la natación
atropellé a una mujer, a la que le dió tiempo a darme un codazo y un puñetazo antes de
darse cuenta que estaba nadando en perpendicular a los demás. Seguí nadando en
solitario, pensando en lo que hacía y, sobretodo, apretando al máximo pero intentando
controlar la fatiga. Al 铿乶al se me hizo eterno por lo que justo al poner un pié en la arena
consulté el reloj esperando ver 35’ o más pero no, 30:30... “La madre que te parió nen! A
tope!!”

T1 niquelada. Rápida aún corriendo los 300m o más con la bici en la mano. Monté
y no me calzé hasta ver 40km/h en la pantalla. Vamos! Vamos! Vamos!

Todos sabemos lo duros que son los primeros km después de la natación así que
pedaleé fuerte sin preocuparme de lo mal que sentía las piernas hasta que, llegando ya al
puerto, empezaron a responder como debían. La paliza que les había dado era
considerable pero ya empezé a sentirme cómodo en la bici.

Y entonces, justo en el letrero de comienzo del puerto oí un sonido sordo y noté
una vibración en la rueda trasera. Dudé y miré la bici, pero nada. Los que subían detrás
mio me dijeron que habia perdido las botellas de aire comprimido así que paré para
buscarlas. Miré atrás y ¡estaban a 50-100m! Sabía que iba al límite del tiempo así que me
arriesgue y seguí subiendo esperando no pinchar los tubulares. Pensándolo bién creo que
no fué la mejor decisión.

Pero todo funcionaba. La subida fué perfecta, bonita y entretenida junto a un río de
triatletas. Puesto que llegué arriba del puerto a media de 29km/h me permití parar y pedir
a los espectadores que alguno me dejara su bomba para el resto del camino y, mientras
un amigo volvía corriendo de su bici, bomba en mano, me percaté de que había 4 jueces
parados al otro lado y mirando la maniobra y uno de ellos me dijo que si aceptaba ayuda
me sacaría targeta amarilla. ¡Ostia! ¡No puede estar pasandome esto! Me arriesgué y
seguí sin bomba para repetir escena en el siguiente pueblo (mi pueblo). Esta vez sin
jueces pero, cuando mi vecino salió corriendo a buscar la bomba a su casa, le chillé que
lo dejase y seguí. No había tiempo. ¡¡¡No te vuelvas a parar joder!!!

Disfruté. Así podría resumir la bici. El circuito es duro y entretenido y nunca te
encuentras pedaleando sólo. Los avituallamientos perfectos y los voluntarios más aún.
Como siempre, los últimos 20km tuvimos viento de cara aunque aceptable. Al 铿乶al del sector los primeros del siguiente grupo de edad me pillaron y eso fue un incentivo para
apretar cuando ya empezaba a relajarme. ¡¡¡¡Vaya bicis se gastan estos tíos!!!!

Y llegué a la T2. Tensión. Era la primera con la bici nueva y no quería liarla.
Desmonté rápido y limpiamente. Bien! Busqué a Rafa pero no le ví y encaré, otra vez, los
cientos de metros de boxes hasta dejar la bici. Fué dejarla, quitarme el casco y ponerme
los zapatos. Rápido. 3'.

Y, entonces, el run del Ironman 70.3 de Alcudia. Inexplicable. Brutal. Impresionante.
Cuantas miles de personas mirando y animando como el que más. Que sensación...
Empezé a correr sintiendome muy bien con lo que hize los primeros metros a unos 4’30”
para acabar decelerando un poco ya que me valía con correr a 5’ para cumplir objetivo y
no quería petar. Así que corrí el resto de la media maratón intentando controlar el ritmo
sobre 5’ bajando a algo menos por la mísma inercia. Cuando Rafa se puso a correr a mi
lado para preguntarme como iba aproveché para chequear mis cuerzas y el ritmo:
tranquilo Rafa, voy bién, hoy no peto.

La palabra que mejor describe el run fué calor. ¡Y que calor macho! Con lo que me
gusta correr con calor y lo mal que lo estaba pasando, me preocupaban los más de 3.000
estrangeros que estaban corriendo ya que lo tenian que estar pasando fatal. Los
desfallecimientos repentinos que ví con铿乺maban mis sospechas. Pero la gente estaba en
su salsa y los espectadores, voluntarios, batucadas y demás consiguen cada año que sea
la media más "fácil" de todas.

Y entonces llegó el momento que por sí sólo ya vale todos los Ironman. Uno de
estos momentos que recuerdas toda la vida con una sonrisa en los labios. Debo confesar
que cuando estaba corriendo tenía claro que entraría con mi ahijado en brazos aunque
me costara el objetivo, pero lo cierto es que le había dicho a mi hermano que de ser
necesario esprintaría y entraría solo. No hizo falta el sprint. Paré el reloj a unos 200m de
meta para comprobar que tenía poco más de 5' para cruzar la línea así que pisé la arena
de la playa prácticamente andando y disfrutando del momento.

No importa nada, no te das cuenta de nada más que de tu alegría, de esa inmensa
satisfacción. Busqué a mi ahijado y lo sostuve en mis brazos en el momento en que una
triatleta se desplomaba a escasos 50m de meta. No lo dudé y le ayudé a levantarse y a
hacer los últimos metros.

Éste es el espíritu de la larga distáncia y ésta es la imagen que nunca olvidaré. No
importa lo que te has currado el estar allí, no importan tus objetivos... es algo superior y
más profundo. Importa el llegar, importas tú y lo que haces con tu vida e importan los
demás que luchan quizás más que tú por cruzar esa meta.

Por esto, cuando me preguntan si la triatleta que ayudé a cruzar me dijo algo al
llegar, les contesto que soy yo quién debo agradecerle el haberme regalado ese
momento. Un momento que atesoraré allá dónde vaya.

Escrito por Bernat Vallor铆

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Comentarios 2 en total

Lucian el mi閞coles, 14 de mayo de 2014

Me has hecho emocinar Bernat!!! Enhorabuena por el Iron... Y por el relato!!!

 

BeTraining el mi閞coles, 14 de mayo de 2014

Enhorabuena anti también Luci!!!!